
En el paquete de ser sevillista demasiado tiempo estuvo metido el fracaso. Aquel zarpazo de Puerta ante el Schalke 04 comenzó a cambiar la historia. Nervión se había olvidado de su grandeza y de repente la contempló ante sí. Y no se asustó. La abrazó, porque el Sevilla, desamparado en varias etapas negras de la segunda mitad del pasado siglo, necesitaba amor.
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